La vida es salvaje

En un apartado lugar de África, donde el calor arreciaba pareciendo no terminar, y había más cólera que alimento, existía un pequeño poblado alejado cientos de kilómetros de la urbe más cercana. Se trataba del pueblo tribal de los Zwon, el que jamás había sido visitado por un hombre civilizado. O al menos eso parecía.
En los alrededores del poblado, decenas de desapariciones habían encendido la alerta: se sospechaba que los Zwon eran caníbales.
El jefe de la tribu era un hombre terrible. Era reconocido por el pueblo debido a su crueldad con la gente que capturaba… entonces era cierto, la gente que desaparecía era devorada por los Zwon.
Sin embargo, el hijo del jefe, un joven llamado Milo, estaba en desacuerdo con la vida que se llevaba en el pueblo. Un buen día, decidió escaparse para presenciar la vida sin el influjo de su malvado padre.
Saliendo del pueblo, estuvo varias semanas sin comer, por lo que adquirió una apariencia desnutrida. Se arrastró hasta la ciudad donde un grupo de religiosos lo rescató, llevándolo a un hogar de jóvenes.
Al cuidado de los religiosos del hogar, Milo sufrió una civilización acelerada, lo cual no pudo soportar. Se escapó del hogar y el hambre lo llevó a robar para poder alimentarse.
Milo murió en la cárcel cinco años después, de SIDA, sin que alcanzara a darse cuenta de que la vida es salvaje siempre, sin importar donde se encontrara…
El relato anterior fue creado durante una actividad de la clase de Lenguaje y Comunicación de Tercero Medio.
PD: Sí, se que nadie se muere de SIDA, sino por enfermedades que el cuerpo no puede manejar, dada la Inmunodeficiencia.

